La artista salvadoreña Violeta Michelle Cortez Surio, creadora del canal de YouTube Creative Art Violeta, da un paso firme hacia una nueva dimensión creativa con su más reciente propuesta musical: “Mi felicidad”, una canción rock pop de los 2000’s con esencia noventera que transforma el arte en experiencia sonora.
Lejos de limitarse al lienzo, Violeta convierte su proceso creativo en música. Con una voz que oscila entre lo dulce y lo cálido, pero que también abraza la potencia del rock latino, la artista construye un himno dedicado a la creación, a los artistas y a esa chispa interior que impulsa a crear sin miedo.
Pero la propuesta no se queda en lo auditivo.
El videoclip —grabado en el parque Claudia Lars, El Salvador— eleva la narrativa visual al integrar un elemento profundamente simbólico: mientras canta, Violeta pinta un autorretrato surrealista de sí misma.
La propuesta visual se sostiene en una estética visual exquisita, definida por una atmósfera "golden hour" creada artísticamente a través de una paleta de tonos dorados y una iluminación cálida. Este tratamiento de color no solo embellece el entorno, sino que simboliza la luz interior del acto creativo, transformando el espacio en un escenario de ensueño. Esta atmósfera dialoga perfectamente con la interpretación: lejos de una ejecución pasiva, Violeta muestra una actitud escénica vibrante y visceral. Las escenas del videoclip revelan una entrega absoluta al cantar, con expresiones que oscilan entre la pasión desbordada del rock y la serenidad de la creación pictórica. Esta fuerza vocal y gestual se complementa con la presencia audaz del guitarrista, creando una complicidad energética que consolida el sonido rock pop de la pieza. La dirección de arte y la potencia interpretativa de la banda convergen así en una experiencia sensorial y auténtica.
En la obra se observa una llave abriendo su propio pecho, metáfora poderosa de la vulnerabilidad creativa y del acto de abrir el corazón al mundo a través del arte. Su mirada serena representa la paz que encuentra al crear, mientras las nubes y los símbolos que la rodean evocan el universo artístico que ha construido a lo largo de su trayectoria.
Cada pincelada dialoga con la letra de la canción. Cada acorde respira libertad. La pieza no solo habla de felicidad: la demuestra.
Con una vibra que recuerda al rock latino de los años 90 —energético, honesto y profundamente humano— y al rock pop de los 2000’s: una mezcla de guitarras potentes y estribillos definidos; un sonido vibrante, melódico y con esa frescura que invita a ser coreada desde la primera escucha. “Mi felicidad” se convierte en una declaración de identidad artística. No es solo una canción; es una postura frente a la vida.
Violeta no solo pinta emociones: ahora también las amplifica en acordes eléctricos, demostrando que el talento salvadoreño puede expandirse sin límites cuando el arte se vive con autenticidad.
Es momento de que los artistas latinoamericanos se unan y respalden esta propuesta que rompe esquemas. En una industria donde pocas veces se cruzan los caminos del pincel y la música, esta obra demuestra que el arte no tiene fronteras, solo expansión.
Y si algo queda claro tras escucharla y verla crear, es que para ella el arte no es un complemento.
Es su hogar.


